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ARTÍCULOAbril 01, 2024

São Paulo, Brasil: una ciudad transformada por la evolución del metro

The World Bank

Paula e Breno Xavier, madre e hijo, toman la línea 4 del metro

Fotos: Mariana Ceratti/Banco Mundial

Con el apoyo del Banco Mundial, la línea 4 conecta el oeste de la ciudad con el centro. En el camino, los residentes se conectan con oportunidades y construyen recuerdos

Centro de São Paulo, Estación de Luz, hora del almuerzo. En la plataforma por donde pasa la línea 4 (amarilla) del metro, un niño con un celular en las manos espera atentamente el tren. Breno Xavier, de 11 años, quiere grabar el momento exacto de la llegada. No hay riesgo de que caiga a las vías porque la plataforma está protegida por puertas con vidrios gruesos. Solo se abren sincronizadamente con la parada del tren, que opera de forma autónoma, sin interferencia humana. Es la única línea de metro en América Latina con este nivel de automatización.

"¿Me tapas los oídos?", le pide a su madre, Paula Xavier.

Breno vive con un grado leve del espectro autista y es sensible al ruido del freno del metro. Al mismo tiempo, tiene un hiperenfoque en trenes y una pasión por la línea 4. Una vez por semana, él y su madre recorren el trayecto que va de Luz a Vila Sônia, en el oeste de São Paulo. Salen de casa, en la zona noroeste de la ciudad, van al centro, hacen un viaje de ida y vuelta por la línea amarilla y, finalmente, se dirigen a la zona norte, donde Breno asiste a terapia. Como los trenes de la línea no tienen conductor, el niño finge que está al mando.

"Es su paseo favorito", cuenta Paula. "Tiene mapas de todos los metros de la ciudad y terminó contagiando a sus amigos con ese entusiasmo."

La historia de Breno y Paula demuestra que, además de transportar trabajadores de todas las clases sociales, estudiantes y turistas, entre otros públicos, la línea 4 es un lugar donde se crean recuerdos.

La línea 4 fue pionera en el modelo de asociación público-privada en el país y abrió camino para una mayor participación del financiamiento privado en infraestructura en Brasil en general
Edpo Covalciuk
Especialista en Transporte del Banco Mundial
The World Bank
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Mapa de la línea 4 del metro de Sao Paulo 

ViaQuatro

Para la vendedora de libros Julia Alves, de 52 años, que vive desde los 12 en Taboão da Serra – municipio al suroeste de São Paulo –, queda el recuerdo de una ciudad transformada poco a poco por la expansión del metro. Ella trabaja en un quiosco en Vila Sônia, la estación más cercana a su casa..

"Recuerdo cuando el metro solo llegaba hasta la estación República, que es de la línea roja. Quienes vivían en Taboão da Serra tardaban tres horas en llegar al centro de São Paulo. Con la línea amarilla ahorramos mucho tiempo. Por ejemplo, de Vila Sônia a la estación de Luz son 20 minutos. Nos ha facilitado mucho la vida", celebra.

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Las seis primeras estaciones de la línea amarilla comenzaron a funcionar gradualmente entre el 25 de mayo de 2010 y el 15 de septiembre de 2011. Un año después del pleno funcionamiento, la Línea 4 estaba transportando más de 650.000 pasajeros por día laborable, promedio que se mantiene hasta hoy. Según Bianca Alves, gerente de la práctica de Transportes del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, la demanda estaba reprimida desde hacía muchos años. Por eso, las estaciones y los trenes siempre están concurridos, incluso en horarios no pico. "Todo el mundo usa esta línea", dice. A lo largo de 16 años, el Banco Mundial invirtió 434 millones de dólares en la línea amarilla, utilizados para financiar obras civiles, como túneles y estaciones. El préstamo fue complementado por 1.16 mil millones de dólares del gobierno del estado de São Paulo para la construcción de estaciones, subestaciones, patios de estacionamiento y mantenimiento, entre otras instalaciones, además de los túneles y parte de los sistemas. Y, además, por 434 millones de dólares del Banco Japonés de Cooperación Internacional (JBIC).

Las obras civiles fueron realizadas por el gobierno del estado de São Paulo. Los inversiones en sistemas (como señalización y telecomunicaciones) y la adquisición de trenes estuvieron a cargo de un socio privado, ViaQuatro, que aportó alrededor de 550 millones de dólares y es responsable de la operación de la línea por 30 años, hasta 2040. "La línea 4 fue pionera en el modelo de asociación público-privada en el país y abrió camino para una mayor participación del financiamiento privado en infraestructura en Brasil en general", recuerda Edpo Covalciuk, especialista en Transporte del Banco Mundial.

Hoy, hay 11 estaciones integradas con otras líneas de metro, trenes suburbanos (CPTM), terminales de autobuses y bicicleteros. Se esperan 100 mil pasajeros más cuando los trenes lleguen a Taboão da Serra en los próximos años. Actualmente, para moverse hasta la ciudad vecina, es necesario ir al terminal que se encuentra en la salida de la estación Vila Sônia y tomar un autobús.

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"Además de ser gratuito, es rápido porque no hace paradas", elogia el jubilado Riberto Bozzo, acompañado de su esposa, Rosa Viana. "Una vez por semana vamos a la Calle 25 de Marzo (en el centro de São Paulo) a comprar material para el estudio de piercing que tengo con mi hija. Si fuéramos en coche, tardaríamos una hora en ir y otra en volver. En transporte público, gastamos unos 30 minutos", cuenta ella.

Una alternativa, como hace el repartidor Douglas Dubovski, es ir en bicicleta de Taboão da Serra a Vila Sônia y, desde allí, a otros rincones de la ciudad. "En 20 minutos llego a la Avenida Paulista", calcula él, que también realiza entregas de comida y supermercado en Pinheiros (zona oeste), en el Centro y en Tatuapé (zona sureste). Son, en promedio, 12 horas de trabajo diarias, pero al menos el período pasado en el metro suele ser cómodo y con aire acondicionado. "Como esta es una línea moderna y elegante, la gente termina teniendo buenos hábitos. Hacen fila, por ejemplo, para entrar al vagón", comenta.  

Pero lo realmente bueno para los pasajeros será cuando puedan llegar a Taboão da Serra – o salir de allí – en un vagón de metro. Uno de ellos es el piauiense Basilio Ribeiro, que estudia en la universidad del municipio paulista, va a la estación Pinheiros y de allí hace un transbordo a la línea esmeralda, la más cercana a su trabajo.

"Para mí, esta es la mejor línea. Por ser operada por el sector privado, creo que es menos propensa a huelgas. Además, los trenes son muy rápidos y tecnológicos. Puedes seguir en tiempo real cuándo llegará el próximo", comenta Basilio, que vino con sus padres a la capital paulista hace siete años. La línea, de hecho, suele tener índices de satisfacción altos, alrededor del 90%.

De estación en estación, Basilio, Douglas, Rosa, Riberto, Julia, Breno, Paula y otros usuarios de la línea van descubriendo la ciudad, viviendo historias y superando las luchas del día a día en la mayor ciudad de Brasil.

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