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En Zambia, Mary Banda tiene un pequeño restaurante en uno de los mercados más antiguos de Lusaka. Antes de enterarse de que los servicios financieros podían hacer más fácil la manera de hacer negocios, sus ganancias eran bajas. Pero hoy, sus ganancias han aumentado, tanto porque bancariza su dinero como porque usa servicios móviles de transferencia de dinero.
Usar servicios financieros le simplificó la administración de su negocio y aumentó sus ganancias. Y las ganancias del negocio ahora pagan las matrículas escolares de sus hijos.
Banda dice que las mujeres no deben temer a los bancos. “Es muy importante ahorrar dinero porque el sector informal donde operamos no tiene seguridad social”.
La inclusión financiera puede parecer un concepto esotérico, pero su significado es más que real para 1200 millones de personas que han obtenido acceso a una cuenta financiera desde 2011, incluidos más de 500 millones de personas en los últimos tres años.
Con acceso a una cuenta financiera, las personas ya no necesitan depender y realizar transacciones únicamente en efectivo, o usar sus colchones como cajas de ahorro. El acceso financiero conecta a las personas con el sistema financiero formal, facilitando la vida cotidiana y permitiéndoles generar activos, mitigar las crisis relacionadas con emergencias, enfermedades o lesiones y realizar inversiones productivas.
Tómese a Mohirahon B de Tayikistán como ejemplo. Ella comenzó su propio negocio de costura después de realizar una capacitación en alfabetización financiera, donde aprendió a manejar dinero y hacer presupuestos. O a Sameh Seddik de Egipto, que amplió su negocio en Luxor, que ahora emplea a 40 costureras, todas mujeres, gracias a un microcrédito destinado a ampliar la inclusión financiera en Egipto. Mientras tanto, en México, ampliar el acceso al financiamiento en las zonas rurales ayuda a prosperar a los agricultores y las empresas rurales.
Sin acceso financiero, estos microempresarios contarían una historia diferente.